Estancia profesional en el Niftarlake College, en Maarssen (Países Bajos)

Estancia profesional en el Niftarlake College, en Maarssen (Países Bajos)

Cruzar las puertas del Niftarlake College en Maarssen no ha sido solo entrar en un instituto de vanguardia tecnológica; ha significado descubrir una comunidad que pone el bienestar emocional y la conexión humana en el centro de todo lo que hace. Aunque mi compañera Inés y yo íbamos preparadas para analizar metodologías y recursos digitales, lo que realmente nos ha transformado como docentes es observar cómo este centro cuida el tejido social de su comunidad.

Se trata de un centro de carácter urbano que cuenta con aproximadamente 1600 alumnos y alumnas y un claustro de 150 docentes, de los cuales solo un cinco por ciento trabaja a tiempo completo. El perfil socioeconómico del alumnado es medio y proviene tanto de la propia localidad como de la comarca circundante. El instituto ofrece tres itinerarios claramente diferenciados del sistema neerlandés:

  • MAVO, una vía general orientada a la práctica que prepara para la formación profesional técnica.
  • HAVO, educación secundaria general superior de cinco años, enfocada al acceso a universidades de ciencias aplicadas.
  • Atheneum, itinerario preuniversitario de seis años que habilita para el acceso directo a las universidades de investigación.

Las líneas estratégicas del Niftarlake College se fundamentan en un enfoque integral que busca preparar al alumnado para los retos del mundo contemporáneo, destacando los siguientes pilares fundamentales:

  1. 1. Transformación digital y competencia tecnológica.

El centro no solo integra herramientas digitales, sino que sitúa el desarrollo de habilidades tecnológicas en el centro de su propuesta educativa, tales como pensamiento computacional, uso ético de la tecnología o ciberseguridad.

  1. 2. Innovación mediante el programa «Investiga y diseña».

Esta es una de las líneas de acción más distintivas del instituto, en la que los estudiantes se enfrentan a retos reales planteados por empresas externas, lo que permite desarrollar soluciones innovadoras, fomentando la creatividad, el trabajo por proyectos y la resolución de problemas en contextos de mercado reales. Para ello cuentan con una especie de aula del futuro altamente tecnificada llamada “The hub”, que incluye talleres, zonas de trabajo en grupo, impresoras 3D, cortadoras láser para madera y almacenes, entre otras dotaciones.

  1. 3. Internacionalización y conciencia europea.

El instituto promueve activamente la ciudadanía activa y la cooperación internacional. Por ejemplo, dentro del programa de “European Assimilation”, en el cuarto nivel, el alumnado investiga desafías comunes de los países europeos, como la sostenibilidad, la salud mental o la inclusión social y trabaja colaborativamente para proponer soluciones. 

  1. 4. Bienestar físico y deportes.

El fomento de un estilo de vida saludable es un eje estratégico que trasciende las clases de Educación Física. Se utiliza el deporte para promover valores como la disciplina, el trabajo en equipo y la salud física. Para ello, el centro cuenta con instalaciones de alto nivel, incluyendo un gimnasio especializado con rocódromo y acceso a clubes deportivos locales para ampliar su oferta.

  1. 5. Sostenibilidad y enfoque ecológico.

La conciencia medioambiental es un valor profundamente arraigado en la comunidad escolar. Las movilidades docentes o estudiantiles se evalúan bajo el prisma de la huella de carbono producida, mientras que se practica una cultura de movilidad basada en el uso de la bicicleta.

  1. 6. Inclusión y apoyo socioemocional.

El instituto estratifica su apoyo para asegurar que cada alumno o alumna alcance su potencial, independientemente de sus necesidades. La atención a la diversidad se estructura en cuatro niveles, desde el apoyo del tutor o mentor hasta intervenciones especializadas y planes de desarrollo personalizados (DPP).

En relación con este sexto punto, tal y como señalaba en la introducción, lo que más nos ha emocionado es la forma en que reciben a sus alumnos más jóvenes. Para facilitar el salto desde la primaria, los estudiantes de primer año cuentan con su propio edificio, un refugio seguro donde crecen a su ritmo. Pero el verdadero «pegamento» de este grupo ocurre fuera de las aulas: tras apenas una semana de clases, todos los alumnos de primero participan en un campamento residencial de dos días.

Este campamento no es un simple viaje escolar; es una estrategia deliberada de fortalecimiento de equipos (team building). Durante esos días, los chicos y chicas participan en actividades diseñadas para tejer vínculos, fomentar el sentido de pertenencia y asegurar que, desde el inicio del curso, se sientan parte de un grupo unido y seguro. Ver la confianza que nace de estos días de convivencia nos ha hecho reflexionar sobre la importancia de dedicar tiempo a «ser» antes de «hacer».

Esa misma calidez humana se respira en «the bubble» (la burbuja). Más que un aula de apoyo, se concibe como un lugar seguro para aquellos alumnos o alumnas que están pasando por momentos difíciles, ya sea por una enfermedad, un duelo o por el desafío de ser refugiados en un país nuevo. Es un espacio donde profesorado especializado acompaña no solo el aprendizaje, sino también las emociones, preparando el camino para que el alumno vuelva a clase cuando se sienta realmente listo.

En el día a día, nos ha sorprendido la confianza mutua que existe. No hay timbres que marquen el final de las clases; el silencio y el respeto por el tiempo del otro fluyen de manera natural. Los pasillos están llenos de alumando que gestiona su autonomía con una madurez asombrosa, moviéndose entre clases o hacia sus entrenamientos en bicicleta con un sentido de la responsabilidad que nos ha dejado huella.

Nos vamos de los Países Bajos con la maleta llena de ideas pedagógicas, pero sobre todo con el firme propósito de intentar trasladar esa cultura de la confianza y el cuidado del grupo a nuestro IES Mar Mediterráneo. Porque, al final, educar es construir comunidad.