Durante mi estancia profesional en el Clarin College de Athenry (Irlanda) en abril de 2026 he podido observar un modelo educativo muy interesante y similar a la vez que diferente al sistema educativo español. En este blog voy a centrarme en algunos elementos que me han resultado especialmente significativos durante la experiencia.
Uno de los aspectos más llamativos es la cultura del centro en torno al bienestar y la inclusión. El Clarin College articula buena parte de su identidad a través de programas como Wellbeing, Amber Flag o Belong To, que no se perciben como iniciativas aisladas, sino como una filosofía educativa transversal. Todo ello se traduce en un clima de aula muy sereno, donde el respeto no se impone, sino que se ve en la práctica diaria: se entra a clase de manera ordenada, se cuidan los recursos y hay un clima de convivencia en el que las normas parecen interiorizadas sin necesidad de recordatorios constantes. Probablemente, la educación que reciban en casa sea en gran parte la responsable de todo esto.
En paralelo, la organización del centro refuerza esta cultura de responsabilidad. Esto se puede observar en la ausencia de timbres y en el movimiento autónomo del alumnado entre clases: se espera que el estudiante sea capaz de gestionar su tiempo de manera responsable. Esta idea se ve reforzada por programas como Green Schools o Active Schools, que conectan sostenibilidad, actividad física y vida escolar.
Desde el punto de vista metodológico, destaca una clara orientación hacia el aprendizaje activo. Las clases observadas no se basan en la transmisión unidireccional de contenidos, sino en dinámicas en las que el alumnado participa, debate, infiere y construye conocimiento con la guía del profesorado. El docente actúa más como acompañante del proceso que como mero transmisor. Me ha parecido especialmente interesante el equilibrio entre exigencia y cercanía: el feedback constante y el refuerzo positivo hacen que el error no se perciba como algo que les bloquea, sino como parte natural del aprendizaje.
En este contexto, la organización del aula y el uso de recursos tienen un papel clave. Cada docente dispone de su propio espacio, lo que permite personalizar el aula y optimizar su uso pedagógico. Aunque no se observa un uso especialmente intensivo de tecnologías, sí existe una integración muy eficiente de herramientas digitales como Google Classroom o dispositivos Apple. Todo ello contribuye a una dinámica de trabajo fluida.
En el plano didáctico, mi participación se ha centrado en actividades puntuales de apoyo y en la elaboración de sesiones culturales sobre España, utilizando herramientas como Canva o Factile. Me resultó especialmente interesante comprobar cómo las dinámicas lúdicas, cuando están bien diseñadas, aumentan la motivación del alumnado sin restar rigor al contenido.
Otro elemento relevante es la estructura del sistema educativo irlandés, en particular la existencia del Transition Year, un curso intermedio sin exámenes, centrado en proyectos y en la orientación vocacional. Se trata de un curso educativo difícil de trasladar directamente al sistema español, pero que refleja una apuesta clara por el desarrollo competencial y la madurez personal antes de etapas académicamente más exigentes.
En comparación con el sistema español, la experiencia confirma tanto similitudes (evaluación continua, atención a la diversidad, metodologías activas…) como diferencias significativas en organización, recursos materiales, recursos tecnológicos, carga burocrática docente y respeto y educación del alumnado.
En conclusión, esta estancia ha supuesto para mí una experiencia muy enriquecedora, ya que observar otras formas de enseñar me ha hecho replantearme mis propias prácticas docentes y me he propuesto utilizar las buenas prácticas que he observado durante mi estancia adaptándolas a mi centro educativo.















