Mi nombre es Diego José Vigueras González. Pertenezco al Cuerpo de Profesores de Música y Artes Escénicas, en la especialidad de Fundamentos de composición, y ejerzo mi docencia en el Conservatorio Profesional de Música de Cartagena.
En enero de 2026 realicé una estancia profesional en la Tallinna Muusika- ja Balletikool (MUBA), en Tallinn, un centro público urbano creado en 2022, con unos 700 estudiantes y una organización integrada de música clásica, música rítmica (pop & jazz) y ballet. MUBA nació de la fusión de tres instituciones históricas —una escuela de música de nivel preuniversitario, la escuela Georg Ots y la escuela de ballet— y funciona como un centro integrado con vocación internacional que combina enseñanzas artísticas y currículo general. A ello se suma una residencia con 70 plazas y piscina, con una presencia notable de alumnado internacional; durante mi estancia, la comunidad japonesa era tan numerosa que parte de la señalética aparecía también en japonés.
Mi programa se organizó en torno a dos ámbitos: psicología de la música, por un lado, y secuenciación curricular y metodología, por otro, tanto en música clásica como en música rítmica. En relación con el primero, mantuve un seminario con docentes de la institución interesados en la preparación de la actuación en público. Fue una interacción especialmente interesante, porque permitió poner en común una idea que recorre mi investigación doctoral: la experiencia musical se configura a partir del historial propio de vivencias, expectativas y aprendizajes técnicos, corporales, motivacionales y relacionales. Dialogamos sobre dificultades habituales y sobre cómo el apoyo social – familia, profesorado, compañeros e institución educativa– contribuye a la experiencia musical del estudiante, sostiene su proceso formativo y puede favorecer la clarificación de las motivaciones personales. Asimismo, se subrayó la necesidad de dotar a los docentes de herramientas para acompañar esa dimensión humana y psicológica, inseparable en la práctica de la dimensión artística y física. En este contexto, mostré un prototipo de herramienta de consulta con IA (Google NotebookLM), a partir del marco teórico de mi tesis doctoral y documentación complementaria, junto con prompts diseñados para orientar las respuestas hacia necesidades docentes. El objetivo fue facilitar el acceso a información basada en evidencia sobre preparación para la actuación en público, permitiendo dialogar con ella mediante preguntas prácticas, sin necesidad de recorrer de forma lineal un texto académico extenso. Por último, también se trataron diversas posibilidades de futuras colaboraciones internacionales.
En el plano curricular, me resultó particularmente interesante conocer el sistema educativo estonio, en el ámbito concreto de la enseñanza escénica integrada –tanto de música clásica, como rítmica (jazz/pop) y de danza–, con diferencias notables con respecto al contexto español en la secuenciación de la educación auditiva, la composición libre y el estudio sistemático tanto de la armonía tonal como de los estilos históricos y el análisis musical. Me llamó la atención la reducida ratio del alumnado y el uso sistemático de aplicaciones informáticas orientadas a la práctica individual, algunas de las cuales las empleo también en mi docencia, lo que me permitió contrastar usos y enfoques didácticos.
En composición, las clases individuales se articulan en torno a proyectos personales, con un acompañamiento cercano del proceso creativo y un énfasis en la creación libre que, en nuestro contexto, tiende a aparecer más tarde. Por último, destaco la intensa vida escénica del centro, no solo en conciertos institucionales, sino también en actuaciones organizadas por los propios estudiantes, con repertorios que en algunos casos habían preparado de forma autónoma.
La estancia me permitió, además, conocer repertorio menos habitual en mi día a día docente, escuchando y estudiando música de compositores estonios como Veljo Tormis, Arvo Pärt, Eino Tamberg, Lepo Sumera y Erkki-Sven Tüür, así como la del georgiano Giya Kancheli. Y, en el entorno cultural de Tallinn, pude asistir a Pulcinella (Stravinsky) y a una L’heure espagnole (Ravel) especialmente lograda y divertida en el Teatro Nacional estonio, con el que MUBA mantiene una colaboración estrecha y sostenida. Ha sido, por último, una buena ocasión de experimentar un invierno de verdad –con nevadas y temperaturas bajas que, según se comentaba, hacía más de un lustro que no se vivían con tal intensidad en la ciudad y que alcanzaron sensaciones térmicas de veinte grados bajo cero–, en un contexto donde destaca la calidez de los espacios interiores y, sobre todo, el carácter estonio, sobrio pero cálido y acogedor.















