Estancia profesional en Käpylä Comprehensive School, en Helsinki (Finlandia)

Estancia profesional en Käpylä Comprehensive School, en Helsinki (Finlandia)

Hay experiencias que no se explican del todo con palabras, pero que lo cambian todo. Esta es una de ellas. Soy Laura Seco Soto, maestra especialista en Pedagogía Terapéutica en el CEIP Cantabria (Cantabria, España) y os voy a contar mi estancia profesional llevada a cabo en el centro Käpylän Peruskoulu de Helsinki (Finlandia) del 2 al 13 febrero de 2026.

Durante este periodo tuve el privilegio de vivir desde dentro, junto a mi compañera Ana Gómez Lende, uno de los sistemas educativos más reconocidos del mundo, y puedo decir, sin ninguna duda, que regresé siendo una maestra diferente. No porque haya dejado de creer en lo que hacía, sino porque ahora lo veo con ojos más amplios, curiosos y desde otra perspectiva más enriquecida.

Käpylän Peruskoulu es un centro público urbano de Helsinki que acoge a cerca de 950 alumnos y alumnas de 1º a 9º grado, con unos cien profesionales repartidos en tres edificios. Es casi el triple si lo comparamos con el nuestro. Es un centro en el que se respira calma, autonomía y diversidad.

Lo primero que me impactó al cruzar sus puertas fue el silencio. Los pasillos transmitían una calma que rara vez he sentido en un centro escolar. El alumnado gestionaba con total autonomía su ropa de nieve, su material, sus rutinas… como si todo formara parte de un acuerdo de respeto mutuo que nadie había necesitado explicar en voz alta.

Este centro tiene, además, una seña de identidad muy particular: un programa bilingüe finés-español desde 2009, que convierte cada aula en un espacio de encuentro entre culturas y lenguas. El currículo finlandés sitúa al alumno como protagonista de su propio aprendizaje, apostando por las metodologías activas, el pensamiento crítico y la experimentación. Verlo en la práctica fue todo un descubrimiento.

La organización interna del centro me pareció tan sencilla como eficaz. Los equipos docentes se reúnen semanalmente junto a un equipo multiprofesional que incluye psicología, enfermería, educación especial y orientación. No son reuniones formales ni vacías: son espacios reales de coordinación donde se analiza lo que cada alumno o alumna necesita y se articulan los apoyos de forma conjunta: forman parte del corazón mismo del centro.

Los tiempos escolares nos conquistaron desde el primer día. Cada 60 minutos de clase, 15 minutos al aire libre, incluso con temperaturas bajo cero. Los niños salen, corren, respiran, y vuelven al aula más centrados y disponibles para aprender. El comedor gratuito, donde el propio alumnado se sirve, recoge y limpia su espacio, es otro ejemplo de cómo la autonomía y la responsabilidad se educan en los gestos cotidianos más sencillos.

Otra de las cosas que más me llamó la atención fue ver cómo la tecnología está presente sin imponerse. Los alumnos a partir de 3º grado disponen de su propio portátil. La tecnología está al servicio del aprendizaje y de la inclusión.

Como maestra de PT, la parte más transformadora de toda la estancia fue observar cómo funciona el apoyo educativo dentro de las aulas finlandesas. Los apoyos entran y salen con naturalidad según las necesidades del grupo, sin etiquetas, sin miradas extrañas, sin ningún tipo de estigmatización. No hay un alumno que «va con la PT»; hay un aula donde todos aprenden juntos y los recursos se distribuyen según quién los necesita en cada momento.

Los andamiajes son visibles para todos: pictogramas, instrucciones paso a paso, rúbricas claras, listas de control… disponibles en el espacio de clase sin distinción. La metodología es ágil, con explicaciones breves y mucha práctica; se prioriza la autorregulación, la responsabilidad y el pensamiento crítico desde los primeros cursos. Y la evaluación, especialmente en los ciclos iniciales, es oral y cualitativa, sin la presión de la nota numérica hasta que el alumnado ha construido una relación más segura con el aprendizaje.

Tuvimos una acogida impecable. Antes de llegar, ya teníamos en mano un planning detallado: clases, docentes, actividades, reuniones, salidas. Nada quedaba al azar. Durante las dos semanas participamos en clases de Lengua, Matemáticas, Conocimiento del Medio, Arte, Música y Manualidades en los primeros cursos, y también en clases de Español como lengua extranjera en 5º y 6º grado. Además, tuve la oportunidad de llevar a cabo actividades complementarias como la visita al proyecto Yrityskylä que consiste en una simulación durante una jornada de vida laboral de los alumnos de 6º grado que me dejó sin palabras, salí a patinar sobre hielo o a tirarnos en trineo con los niños/as, celebramos el carnaval y visité espacios extraordinarios de la ciudad como el Kiasma, la Biblioteca Oodi y la Biblioteca Nacional de Finlandia de la mano de los compañeros de Historia del centro. La acogida del profesorado finlandés fue extraordinaria: atenta, respetuosa, profundamente profesional y, al mismo tiempo, genuinamente cálida. Nos sentimos colegas entre colegas desde el primer día.

Toda experiencia tiene un final y volver no significó dejar todo atrás. Desde que regresamos, mi compañera Ana y yo hemos difundido cada detalle desde la emoción propia de haber participado en esta experiencia única. En concreto, dentro de nuestra Unidad de Orientación Educativa (en la que participo como PT) hemos dado una vuelta al Diseño Universal para el Aprendizaje y la evaluación formativa especialmente de aquellos alumnos que más lo necesitan: nuestros ANEAEs. Continuamos con nuestro modelo de co-docencia llevado a cabo entre la maestra de PT y la tutor/a (ya que hemos constatado que funciona) y hemos iniciado las redes para llevar a cabo intercambios con el centro finlandés para explorar proyectos bilaterales y posibles videoconferencias entre grupos de alumnado y visitas a nuestro centro por parte del profesorado finlandés. No son grandes gestos; son pasos pequeños y sólidos hacia una escuela más inclusiva, más abierta, más humana y más justa.

Me gustaría contaros lo que aprendí comparando los dos sistemas educativos. No voy a idealizar Finlandia, porque ningún sistema es perfecto. Pero sí quiero ser honesta sobre lo que vi y lo que me hizo reflexionar. La autonomía docente allí es real: se confía plenamente en el profesorado sin control asfixiante ni burocracia excesiva (aunque los colegas finlandeses nos decían que estaba aumentando y eso generaba mucho más estrés). El trabajo multiprofesional no es un añadido que lleva a cabo de manera externa, sino que se lleva a cabo desde el centro de la vida escolar. Los tiempos tienen calidad: hay descansos reales, expectativas claras y una ausencia de prisa que parece casi radical desde nuestra perspectiva. Y la inclusión no depende del diagnóstico; se parte de la premisa de que toda aula es diversa, y se actúa en consecuencia.

Si te ronda la idea de pedir una estancia profesional, te digo desde la experiencia más interesante que como docente puedes hacer. Llega con la mente abierta. Comparte tus materiales y tu experiencia docente porque el intercambio se convierte en algo recíproco y enriquecedor. No busques la perfección, porque no existe en ningún sistema educativo del mundo. Busca inspiración y disfruta, porque esta experiencia no solo te enseña a educar mejor; te enseña a mirar de otra manera.

Regresé de Helsinki con la idea de que la escuela puede ser un lugar cálido, humano y sereno, donde todos los niños y niñas tengan un sitio desde el que crecer. No un sitio marcado por el diagnóstico, ni condicionado por el ritmo del más rápido, la presión del currículo o la burocracia, sino un espacio donde cada uno encuentra su manera de avanzar y donde los adultos confían en ese proceso.

Käpylän Peruskoulu no solo nos mostró nuevas metodologías o estrategias de aula, nos mostró una forma de entender la infancia, el aprendizaje y la profesión docente que me acompañará siempre. Repetiría sin dudarlo.