Estancia profesional en el Collège Aliénor d’Aquitaine, en Burdeos (Francia)

Estancia profesional en el Collège Aliénor d’Aquitaine, en Burdeos (Francia)

Mi nombre es José Manuel Arévalo Gómez. Soy docente de Pedagogía Terapéutica en el IES Fidiana de Córdoba y, durante la segunda quincena de marzo de 2026, he tenido la oportunidad de vivir una de las experiencias más enriquecedoras de mi carrera: una estancia profesional en el Collège Aliénor d’Aquitaine, en pleno corazón de Burdeos. Esta aventura no solo me ha permitido conocer de cerca el sistema educativo francés, sino que ha transformado mi perspectiva sobre cómo abordar la diversidad y la gestión de los centros.

 

El Collège Aliénor d’Aquitaine es un centro público que destaca por su increíble dinamismo y su gran multiculturalidad. Con unos 670 alumnos, el centro se ha convertido en un auténtico «laboratorio pedagógico» donde la integración social es la prioridad. Lo que más me fascinó desde el primer día fueron sus Secciones de Excelencia (CHA). Se trata de un instituto donde los alumnos tienen horarios adaptados para practicar artes plásticas, danza, música o teatro en convenio con instituciones como el Conservatorio de Burdeos o el Teatro Nacional. Además, su apuesta por el deporte de alto rendimiento en baloncesto y fútbol es simplemente espectacular. Ver cómo estas disciplinas se integran en la rutina escolar sin restarle peso a lo académico es una lección de gestión curricular. Esto hace que cuenten con horarios dinámicos alternando semana A y B y variando las horas de cada materia según la semana.

 

Dado que además de PT, soy también especialista de francés en Educación Primaria, mi intervención docente se centró en las clases de español. Quería que mi paso por allí no fuera solo una observación, sino un intercambio real. Para ello, en coordinación con las docentes de la materia, preparé sesiones sobre la cultura andaluza y cordobesa, así como una explicación del Sistema Educativo Español. Pero no quería quedarme en las diapositivas o en una mera exposición; quería que el alumnado viviera nuestra cultura. Pude llevar materiales culturales tangibles: un botijo y abanicos. Fue muy satisfactorio ver la cara de curiosidad de los alumnos franceses al intentar descubrir cómo beber de un botijo sin mojarse. Esta actividad generó un aprendizaje sensorial y significativo que rompió cualquier barrera lingüística. Terminamos las sesiones con juegos digitales donde los ganadores recibían pequeños obsequios cordobeses (aportados por la Diputación de Córdoba), lo que mantuvo la motivación e implicación hasta el último minuto.

 

Como especialista de PT, mi mayor interés residía en los dispositivos de inclusión. En Francia, cuentan con estructuras muy sólidas como la UPE2A (para alumnos recién llegados que no hablan el idioma) y la FLS (refuerzo para quienes tienen nociones básicas, pero fallan en lectoescritura). Gracias a un compañero de FLS tuve también la suerte de colaborar en el Collège Saint André ayudando a alumnos procedentes de Mali, Bulgaria o Argelia a preparar su examen DELF A1. Fue profundamente gratificante ver su respeto y sus ganas de aprender.

 

Además, observar el funcionamiento de la ULIS (su aula específica), con ratios controladas de 10-12 alumnos, me dio muchas ideas sobre cómo mejorar la atención a la diversidad en mi centro. Un detalle técnico que me dejó impresionado es la figura del AESH: hay un acompañante por cada alumno con necesidades especiales durante todas las sesiones, garantizando que nadie se quede atrás.

 

Si algo diferencia al sistema francés del nuestro, es la cantidad de personal no docente que trabaja de forma activa y a diario en el centro: director, subdirector, dos secretarias, personal de biblioteca y el personal de la “Vie Scolaire” un departamento centralizado dirigido por el CPE (Conseiller Principal d’Éducation) y formado por 6 o 7 surveillants. Ellos se encargan de la disciplina y el seguimiento de los alumnos, permitiendo que el docente se centre exclusivamente en dar clase. Vigilan los patios y cambios de clase y hacen las guardias cuando se produce la ausencia de algún profesor. Esta significativa reducción de carga a los docentes hace que se pueden encargar exclusivamente de su verdadera función: enseñar.

Esta estancia no termina con mi vuelo de vuelta. Ya hemos puesto en marcha un programa de correspondencia escolar entre mis alumnos del IES Fidiana y los del Collège Aliénor d’Aquitaine. Queremos que este vínculo cultural y lingüístico perdure.

 

En definitiva, me vuelvo con la maleta llena de recursos, un nivel de francés mejorado y la convicción de que, aunque España destacamos en la formación y recursos digitales, tenemos mucho que aprender de Francia en cuanto a la dotación de personal especializado para una inclusión real y efectiva.