Estancia profesional en Central Walker Church of England Primary School en Newcastle upon Tyne (Reino Unido)

Estancia profesional en Central Walker Church of England Primary School en Newcastle upon Tyne (Reino Unido)

Del 12 al 23 de enero desarrollé una estancia profesional en el Central Walker Church of England Primary School, en Newcastle upon Tyne (Reino Unido). Esta experiencia me permitió centrar la observación en aspectos muy concretos que considero especialmente relevantes para mi práctica docente: la función social de la escuela, la claridad en los objetivos de aprendizaje y la implementación sistemática de una cultura restaurativa consolidada.

Desde el primer momento me llamó la atención el papel que el centro desempeña dentro de su comunidad. Ubicado en una zona socialmente vulnerable, la escuela no se limita a impartir enseñanza académica, sino que actúa como una auténtica red de protección para muchas familias. Ofrecen Breakfast Club diario, apoyo durante el horario lectivo e incluso recursos materiales básicos para alumnado en situación de necesidad. Esta dimensión social no se presenta como algo complementario, sino como parte estructural del proyecto educativo. Observar esta realidad me hizo reflexionar sobre cómo el bienestar y la estabilidad son, en muchos contextos, la base imprescindible para cualquier aprendizaje significativo.

Otro aspecto que analicé con especial interés fue el uso sistemático de los WALT (We Are Learning To). Cada sesión comienza con un objetivo claro y visible que orienta todo el desarrollo de la clase. Las actividades están directamente vinculadas a ese propósito y la evaluación responde a él. Esta claridad me permitió valorar la importancia de trabajar con menos objetivos diarios, pero más definidos y mejor focalizados. Percibí que esta manera de organizar la enseñanza reduce la dispersión y disminuye la ansiedad asociada a la sensación de “tener que llegar a todo”. La expectativa es más clara y el aprendizaje parece más intencional.

En la dinámica de aula observé una planificación muy cuidada. Las sesiones siguen una secuencia estructurada —modelado, práctica guiada y trabajo autónomo— y las transiciones se realizan con agilidad. La presencia habitual de más de un docente dentro del aula facilita la atención a la diversidad y permite una inclusión real, no únicamente declarativa. El clima de respeto, atención y concentración que se respira en las aulas no parece fruto de la rigidez, sino de la coherencia organizativa y de expectativas claras y compartidas. En este sentido, el cariño, la dedicación, la profesionalidad y la atención que las maestras del centro ponen en cada detalle lo sostienen todo. Ese cuidado constante es, en gran medida, el reflejo del orden y del buen hacer que se percibe en el funcionamiento general de la escuela.

Uno de los elementos que más me impactó fue la cultura restaurativa implantada en el centro. Los círculos restaurativos se desarrollan de manera sistemática los lunes a primera hora y los viernes a última, mezclando alumnado de diferentes cursos. Esta organización Inter etapas fortalece la cohesión vertical y el sentido de pertenencia. No se trata únicamente de espacios para resolver conflictos, sino de momentos estructurados para la expresión emocional, la escucha activa y la reflexión colectiva. En el CPI donde desarrollo mi labor llevamos un tiempo formándonos en esta línea, por lo que observar un modelo ya consolidado resultó especialmente enriquecedor. Me permitió comprobar cómo la regularidad y la coherencia en la aplicación son claves para que estas prácticas tengan un impacto real en la convivencia.

También me resultó significativa la organización interna del profesorado. Antes de la entrada del alumnado, el equipo docente se reúne para compartir dinámicas breves y establecer metas semanales. Esta práctica refuerza la cohesión y transmite la idea de que el cuidado del docente forma parte del proyecto educativo. Observarlo desde fuera me hizo valorar aún más la importancia de la preparación previa, del detalle y del cariño que cada docente pone en su trabajo diario.

La estancia se enmarca, además, dentro de un proyecto de colaboración más amplio ya iniciado desde mi centro educativo. Gracias al trabajo constante de mi compañero y coordinador British, Aitor Hernández, que mantiene contacto con este colegio británico desde hace varios cursos, el próximo mes de marzo de 2026 un grupo de 25 estudiantes podrá visitar el centro y conocer de primera mano tanto su realidad escolar como el contexto cultural del país. Durante mi estancia tuve la oportunidad de observar con detenimiento los espacios, los tiempos escolares y las dinámicas organizativas, lo que me permitió comprender mejor el entorno que nuestros alumnos vivirán. De este modo, la experiencia se integra dentro de un proyecto compartido y sostenido en el tiempo, fruto del trabajo en equipo y de una colaboración consolidada.

Más allá de las diferencias entre sistemas educativos, esta estancia me permitió detenerme y observar con calma. Me ayudó a tomar conciencia de cómo el ritmo cotidiano puede llevarnos, en ocasiones, a olvidar disfrutar de aquello que verdaderamente importa: la preparación consciente, el cuidado en la planificación y el sentido profundo de nuestra labor. Observar desde fuera no solo amplía la mirada profesional, sino que también invita a recuperar la serenidad y la intencionalidad en el trabajo diario.

Para quienes estén pensando en solicitar una estancia profesional en futuras convocatorias, mi consejo es acudir con objetivos claros, observar con mente abierta y permitirse el tiempo de reflexionar. La experiencia no solo aporta nuevas ideas, sino que transforma la manera de mirar la propia práctica. Aprovechar también para expresar mi agradecimiento a Dawn y Michaela, así como al conjunto del claustro del Central Walker Church of England Primary School, en Newcastle upon Tyne, por su cálida acogida y su constante disponibilidad. La generosidad con la que compartieron su práctica diaria, abrieron sus aulas y explicaron cada detalle organizativo y pedagógico hizo que la experiencia fuera profundamente enriquecedora tanto en lo profesional como en lo humano.