Durante mi estancia profesional en el centro Roskilde Handelsskole (Dinamarca), desarrollada entre el 20 de abril y el 3 de mayo, he tenido la oportunidad de conocer de primera mano el funcionamiento de la formación profesional en la rama de administración, asistiendo a clases impartidas en inglés, centradas en materias como inglés de negocios y marketing. Esta experiencia me ha permitido reflexionar especialmente sobre la metodología de aula, la organización de los espacios y la conexión entre formación y mundo laboral.
Espacios que favorecen el aprendizaje activo
Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención es el aprovechamiento de todos los espacios del centro como entornos de aprendizaje. Aunque se trata de una institución histórica, fundada en el siglo XIX, el centro ha sabido adaptarse plenamente a las necesidades actuales. Hace aproximadamente quince años, apostaron por eliminar los ordenadores de mesa y fomentar que cada estudiante disponga de su propio portátil, lo que ha permitido diseñar aulas más flexibles y dinámicas.
Las aulas son amplias, con abundante luz natural y mobiliario móvil, lo que facilita la reorganización constante del espacio. Además, cuentan con zonas anexas como pasillos habilitados con mesas, sillas y sofás a diferentes alturas, así como acceso directo a espacios exteriores ajardinados. Este diseño permite que el alumnado trabaje en pequeños grupos de forma autónoma, tanto dentro como fuera del aula.
Metodología centrada en la autonomía y la participación
La dinámica de clase responde a un enfoque claramente activo. Las sesiones, de 1 hora y 45 minutos, comienzan con una explicación por parte del profesor, durante la cual el alumnado mantiene los ordenadores cerrados y deja los teléfonos móviles apartados, lo que favorece la atención. A continuación, se plantean tareas concretas que los estudiantes desarrollan de manera autónoma, apoyándose en los materiales disponibles en la plataforma digital del centro.
Es habitual que el profesorado divida el grupo en dos subgrupos: mientras una parte trabaja en espacios exteriores o en los pasillos, el docente se queda con un grupo reducido (12-14 estudiantes), lo que facilita la interacción, la participación oral y el seguimiento individualizado. Esta organización contribuye a que el alumnado participe activamente: levantan la mano para intervenir, formulan preguntas y se implican en el desarrollo de la clase.
Otro elemento destacable es la conexión de las actividades con temas de actualidad, lo que incrementa notablemente el interés del alumnado y su motivación por aprender.
Un modelo de formación profesional estrechamente vinculado a la empresa
El sistema de formación profesional observado presenta una estructura especialmente interesante. El alumnado cursa un primer año en el centro educativo y posteriormente debe buscar una empresa donde realizar dos años de formación práctica remunerada. Durante este periodo, perciben aproximadamente la mitad del salario de un trabajador en plantilla.
Una vez la empresa es aprobada por el centro, el alumnado desarrolla su aprendizaje directamente en el entorno laboral, sin necesidad de asistir al centro educativo durante esos dos años. Al finalizar este periodo, deben presentar un proyecto relacionado con su experiencia profesional.
Durante mi estancia tuve la oportunidad de visitar una empresa y conocer de cerca la experiencia de un alumno. Resultó especialmente significativo comprobar su grado de satisfacción: él mismo reconocía que las clases le resultaban pesadas, mientras que el aprendizaje práctico en la empresa le había motivado enormemente. Su implicación y entusiasmo evidenciaban el valor de este modelo formativo basado en el “aprender haciendo”.
Organización del centro y de la estancia
El centro cuenta actualmente con unos 1500 estudiantes y un profesorado organizado por departamentos. Tanto el alumnado como el profesorado comparten un horario que incluye una pausa común a las 11:30 h, momento en el que acuden a un comedor amplio y luminoso. El profesorado dispone además de espacios propios de descanso y convivencia.
En cuanto a la organización de la estancia, cabe destacar la excelente planificación por parte del centro de acogida. Antes de mi llegada, ya disponía de un programa detallado con las clases a las que asistiría, las personas responsables de acompañarme y las empresas que visitaría. Durante las sesiones, el profesorado me brindó la oportunidad de presentarme, compartir información sobre mi país y mi centro educativo, y responder a las preguntas del alumnado, lo que facilitó un interesante intercambio cultural.
Reflexión final: una experiencia transformadora
Esta estancia ha supuesto una experiencia profundamente enriquecedora tanto a nivel profesional como personal. Me ha permitido observar prácticas educativas que fomentan la autonomía, la responsabilidad y la participación activa del alumnado, así como una estrecha conexión con el entorno laboral.
Sin duda, regreso con numerosas ideas para incorporar a mi práctica docente: una mayor flexibilización de los espacios, el diseño de actividades más conectadas con la actualidad y el refuerzo de metodologías que promuevan la implicación del alumnado en su propio aprendizaje.
Como consejo para futuros participantes, recomendaría acudir con una actitud abierta, aprovechar todas las oportunidades de observación e interacción y tomar nota de aquellos pequeños detalles que pueden marcar una gran diferencia en el aula.















